viernes, 24 de junio de 2016

Lo que opinan algunos autores de cómic sobre el Brexit


Neil Gaiman

«Querido Reino Unido,

Buena suerte.

Me temo que la vas a necesitar.

Con cariño,

Neil». (Fuente)


Chris Claremont

«Definitivamente deberíamos votar para que Reino Unido permanezca en Europa. Desde su punto de vista [el del Capitán Britania], no avanzamos levantando muros alrededor de nuestro pedazo de la aldea global».

«Él vería que lo importante no es cerrar las puertas del país, sino encontrar una manera de hacer que todos se sientan bienvenidos sean quienes sean». (Fuente)


John Byrne

«Desde que tengo memoria, los británicos han sido hostiles a la idea de pertenecer al club de otra persona. Las ilusiones del Imperio todavía acechan en las arrugas de esos cerebros británicos.

Lo que me preocupa, a este lado del charco, es cómo responderá la Bolsa. Esos avariciosos cobardes tienden a ponerse a resguardo al mínimo cambio en asuntos mundiales, arrastrando al mercado de valores a las cloacas». (Fuente)


Mark Millar

«Los de izquierdas fuimos los primeros euroescépticos y estamos afrontamos la votación más importante de nuestras vidas. Una oportunidad como esta no se va a volver a dar y, no te equivoques, votar "Permanecer" no es un voto a favor del status quo como tú o yo lo entendemos

La UE está siendo realineada con velocidad como un estado en sí mismo con un presidente, una moneda y muy pronto un ejército. Estamos avanzando hacia algo que no es solo una monstruosidad, el sueño de un político donde la gente con poder es designada sin elecciones, sino un error en todos los sentidos.

Europa se está rompiendo y la solución a esta catástrofe seguro que no es insistir en los mismos problemas que empezaron estas dificultades. Necesitamos salir cuando todavía podemos y continuar con lo que es bueno para nosotros (como medidas progresistas de empleo) mediante nuestro parlamento democrático aquí en Reino Unido». (Fuente)

«Ming se ha ido. Mongo es libre». (Fuente)

«Un consuelo para mis lectores de centro-derecha y pro-UE: nuestro cuatro principales partidos que pertenecen a los grandes negocios nunca ratificarán esto en el Parlamento». (Fuente)

lunes, 6 de junio de 2016

Siete errores de ‘El invierno del dibujante’

Para aprovechar el aniversario de los cien años de la creación de la Editorial Bruguera que se cumplían en 2010, el dibujante valenciano Paco Roca dibujó El invierno del dibujante. El cómic se basaba en la historia de la revista autogestionada Tío vivo que varios dibujantes habían creado en 1957. Aunque habían abandonado Bruguera para sacar adelante este proyecto, a los pocos años tuvieron que dar marcha atrás y regresar a la editorial.

Al leer este cómic es evidente que el interés de Paco Roca era potenciar el drama y el lado humano de unos autores que conocemos más que nada por su trabajo. Este tratamiento explica el buen recibimiento que tuvo un cómic que consiguió despertar el interés de muchos lectores hacia la historia de los tebeos españoles.


Sin embargo, creo que me voy a quedar con la opinión de Oscar Aibar, el director de El gran Vázquez, cuando señala que «es un cómic un tanto indocumentado». Paco Roca eleva un enfrentamiento laboral a la categoría de rebelión artística, cuando sobre el papel esta interpretación no se sostiene. El Tío vivo que crearon estos dibujantes era una imitación de El DDT porque sus autores no se planteaban crear una obra de arte nueva y original, sino que simplemente buscaban una mayor independencia creativa (saltarse al editor) y económica (un mejor salario).

Más allá de la propia naturaleza de esta rebelión, existen otros siete errores históricos en este cómic:


1. En Tío vivo hubo más de cinco dibujantes


Aunque no se le mencione en El invierno del dibujante, la idea de crear una revista gestionada por los propios autores vino de Josep Maria Freixa, dueño de la empresa publicitaria Crisol, que compartía sus mesas con las de la redacción de Bruguera. Convenció a cinco dibujantes: Escobar, Cifré, Peñarroya, Conti y Giner. Los seis montaron la entidad DER, en la que Freixa se unió en calidad de socio capitalista y encargado de la distribución en los quioscos.

Junto con ellos se fueron de Bruguera también un jovencísimo Enrich (el dibujante de Montse, la amiga de los animales) y el redactor Josep Maria Lladó i Figueres. También se les unieron otros dibujantes como el relativamente novato Nabau, y un recién llegado a la industria descubierto por Conti, Pañella.


2. Tío vivo no terminó tan pronto


Que los Cinco Grandes disolviesen DER y firmasen de nuevo un contrato en 1958 con Bruguera no significó en absoluto el final de la revista. Enrich ocupó el puesto vacante de director artístico e incorporó a autores novatos como Joso o Tran. También hubo hueco para Gin y Raf, dos dibujantes que habían entrado a Bruguera un año antes y que en aquel momento no querían saber nada de esa editorial. De hecho esta aventura de autogestión continuó durante unos años más hasta que Bruguera compró la cabecera en 1960 y la añadió a su catálogo.


3. Bruguera no saboteó Tío Vivo


O si lo hizo, no existen pruebas para asegurarlo.

Rafael González consideró que esta revista era una traición a la editorial Bruguera, y seguramente no fue el único en pensarlo. Por eso se envió a Madrid a González Ledesma, abogado de la editorial, para que no le diesen el permiso de publicación a la nueva cabecera, pero fracasó en su intento. «Fue el peor trabajo que he hecho en toda mi vida, y no me arrepiento», escribía en Historias de mis calles. Es verdad que Bruguera «contraprogramó», es decir, sacó al mercado nuevas revistas para minimizar la novedad de Tío vivo, pero no existe ninguna prueba que demuestre que Bruguera perjudicó su distribución.

En realidad, a la hora de explicar las causas del fracaso de la revista los dibujantes tenían claro que la principal responsabilidad había sido interna y no por culpa de ningún sabotaje. Decía Escobar que todo se debió a «una mala administración del editor, empezaron a fallar los números». Por su parte, Giner decía que «los motivos de la caída de Tío vivo fueron administrativos, que no de contenido, porque tirábamos un promedio de 60.000 ejemplares y los extraordinarios llegaban a alcanzar tiradas de más de 200.000 números», sin dejar caer en este comentario algún rencor contra Bruguera.


4. Vázquez no les traicionó


En este cómic el sabotaje a Tío vivo es la consecuencia de la traición de Vázquez a sus compañeros, que tampoco parece basarse en un hecho real. La única persona que ha mencionado este dato varias veces ha sido Julia Galán, pero nadie más ha salido a confirmarlo. La principal persona que niega que Vázquez fuese un esquirol en aquel momento es Óscar Áibar: «Ningún compañero de Vázquez me ha hablado de él en este sentido nunca, y he conocido a muchos».

Tampoco aportan información que apoye la versión de la traición ni Toni Guiral en By Vázquez. 80 años del nacimiento de un mito, ni los autores de la colección de ensayos El gran Vázquez. Coge el dinero y corre, ni Enrique Martínez Peñaranda en Vázquez, el dibujante y su leyenda.


5. Rafael González no estuvo allí


En la hipotética reunión en la casa de los hermanos Bruguera en La Pineda de Castelldefels en la que se podría haber planeado el sabotaje a Tío vivo es improbable que asistiese el director de publicaciones. Como recuerda Miguel Pellicer, «el señor González nunca fue a Castelldefels; no tenía coche, nunca quiso conducir» (Cuando los cómics se llamaban tebeos, Toni Guiral).


6. Ni tampoco censuraba con un lápiz rojo


Las correcciones de Rafael González sobre páginas de historietas con un lápiz rojo es una de las imágenes más potentes de este cómic, y también la más alejada de la realidad. Seguramente tiene su origen en la timidez de este director. Dice Jordi Bernet que «cuando hablabas con él, jamás te miraba a los ojos, y siempre llevaba un lápiz, que miraba fijamente cuando te daba malas noticias». Pero nunca se ha dicho si ese famoso lápiz era rojo ni para qué lo usaba.

Dejando a un lado que la censura en los 50 por fortuna fue anecdótica (como comenta por ejemplo Ignacio Fernández de Sarasola en Legislación sobre historieta en España), tampoco era tan invasiva como da a entender Paco Roca. Recordaba Jordi Bayona que González, «de ser necesario, acordaba la modificación de alguna viñeta», porque por lo general la mecánica era mucho más sencilla: o González aprobaba una página o la rechazaba.

En cualquier caso, es difícil que a Rafael González se le ocurriese destrozar páginas originales pintarrajeando sobre ellas como se ve en el cómic, como tampoco se le permitía hacerlo a los verdaderos dueños del «lápiz rojo», es decir, a los censores del Ministerio de Información. Los censores, aquellos que sí pedían cambios para que no se atacase a la figura paterna y la unidad familiar, solo podían hacer marcas sobre reproducciones de esas páginas, y no había nada peor que encontrarse con una página devuelta con estos tachones: «Retocar algo marcado con lápiz rojo significaba modificar las planchas o los fotolitos a toda prisa con el gasto de tiempo y dinero que es de suponer», decía Jordi Bayona. Para poder ver ejemplos de estos tachones el libro más recomendable es Tebeos mutilados: la censura franquista contra Editorial Bruguera, de Vicent Sanchis.


7. No fue en invierno, sino en primavera


Aunque el tebeo esté ambientado en invierno, Francisco Bruguera y los cinco dibujantes firmaron el contrato de su regreso a la editorial en primavera, el día 4 de junio de 1958.

miércoles, 1 de junio de 2016

Grandes autores de Vertigo: Frank Quitely (Frank Quitely y varios guionistas)


La colección de antologías de Grandes autores de Vertigo obedece a un criterio autoral: los tomos recogen pequeños trabajos de un guionista o un dibujante que se ha ganado el respeto de los lectores. Quiero decir, se trata de antología que parte de otras antologías. El material de este tomo se podría dividir en dos partes. Por un lado, las historias editadas originalmente en los titulados The Big Book of..., unos recopilatorios del sello Paradox que contenían historias breves de varios autores sobre diferentes temas: mártires, conspiraciones, criminales, artistas... Creo que la naturaleza de estos cómics (lo importante es qué se cuenta, no el cómo) obliga a que la labor del dibujante deba reducirse a apoyo del texto. Y digo "creo" porque al tener todas estas historias en un mismo tomo en realidad el efecto es el contrario, el dibujante destaca por encima de las historias. Los guiones (sobre Dalí, Ma Barker, el Hombre Elefante...) son excusas para ver cómo Quitely salta del fotorrealismo a la caricatura con una naturalidad increíble, sus texturas, su composición. Para ver cómo la personalidad de Quitely se convierte en el centro de interés.

El resto del tomo está formado por relatos de antologías publicadas por DC dentro del sello Vertigo. Dejando a un lado el fragmento de Noches Eternas, abunda lo truculento y el humor. Destaca Morrison con ese relato bélico inesperado. No me ha atraído tanto como la primera parte del tomo, pero no se puede negar que Quitely se implica en todas ellas. Dos ejemplos. En El cortejo de la piedra la primera página está formada por viñetas que parecen las baldosas del suelo que seducen al protagonista. Por otro lado, en Inmune a medida que la historia se descontrola Quitely marea la inclinación de las viñetas cada vez más.

lunes, 23 de mayo de 2016

Todos los almanaques de El Capitán Trueno (Víctor Mora, Ambrós y varios)


No termino de entender la decisión de publicar un recopilatorio de las historietas navideñas del Capitán Trueno en el mes de mayo. Tiene tanto sentido como la justificación de esta antología, que ni el autor del prólogo sabe explicar muy bien: son historietas que solo tienen en común que fueron publicadas en las navidades de entre los años 1958 y 1965 en diferentes revistas. Es decir, el tomo está pensado para el público coleccionista, para bien o para mal. Y aún así, incluso me cuesta decir que es un tomo para coleccionistas porque la restauración de las páginas está muy por debajo de la calidad del trabajo de Jordi Coll con Pulgarcito.

Excepto porque todas las historietas han sido escritas por el mismo guionista, no existe ningún hilo conector (ni argumental ni temático) que las una. Es un popurrí variado de aventura y humor en el que se mezclan las historias un poco elaboradas con otras simples y lineales. Tal vez por eso como mejor funciona este tomo es como un repaso general a toda la trayectoria del personaje. Empezamos con las vibrantes aventuras dibujadas por Ambrós, llenas de movimiento y acción (la segunda historia, con una Sigrid malvada, es la mejor del tomo), para después ir pasando a otros dibujantes con más o menos talento que deben transigir sí o sí con la obligación de pegar encima de sus dibujos “cabezas recortadas” de las páginas de Ambrós. Tal vez sea la lección que se aprende con este recopilatorio, lo poco que se recuerda el talento de este dibujante.

jueves, 19 de mayo de 2016

Pies descalzos 1 (de 4) (Keiji Nakazawa)


No leo mangas con frecuencia, pero por lo general me gusta la sensación de extrañeza que se me queda con una cultura y una forma de ver el mundo muy diferentes a las occidentales. Por ejemplo, con Osamu Tezuka me sorprende siempre que ese dibujo tan amable, como de la factoría Disney, sirva para contar historias duras y difíciles como Adolf, Ayako o MW. En el caso de Pies descalzos la extrañeza se multiplica por mil. Estamos ante un drama antibelicista muy potente en el que abundan los chistes vulgares, la escatología, los recursos gráficos simplones y otras salidas de tono peculiares. Pero insisto, es un drama antibelicista muy potente, muy emocional, que enternece.

El joven protagonista Gen es, como su autor Keiji Nakazawa, un superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima. A través de sus ojos vemos un horror que con los libros de historia no somos capaces de imaginar con tanto detalle: una cantidad de muertes inasumible por cáncer y quemaduras, putrefacción, enfermedades, hambre... Si ya de por sí los económicamente débiles son siempre los más maltratados, Nakazawa nos insiste en que la guerra solo sirve para extremar las diferencias sociales y el sufrimiento. Después de leer este grito rabioso contra la guerra será difícil volver a ser la misma persona.

lunes, 9 de mayo de 2016

La gorda de las galaxias (Nicolás)


La Gorda de las Galaxias es un personaje desconcertante. La editorial Bruguera había comenzado a modernizar sus revistas a principios de los 80 con el Superlópez de Jan y el Atasco-Star de Rafael Vaquer y Alfonso López, por decir dos, que parecen tímidos avances cuando los comparas con la obra de Nicolás. Las páginas de este dibujante están completamente fuera del marco en el que se había enclaustrado la editorial durante toda su existencia.

Es paradójico que esta serie fuese tan vanguardista porque Nicolás utilizaba referentes que deberían haber estado asumidos en su momento. El dibujo y el color son deudores de la psicodelia pop de los Beatles y Yellow Submarine (1968), el humor naif recuerda al que perfeccionaron Tono y Mihura en La Codorniz de los años 40, y la premisa de la serie parte de la space opera trasnochada, más del Flash Gordon de Alex Raymond que del Star Wars de George Lucas. Y aún así, leídas hoy, las páginas de Nicolás siguen siendo radicalmente diferentes a todo, profundamente únicas y personales.

Esta recopilación de historias de dos páginas está protagonizada por una maternal Gorda de las Galaxias que se dedica a ayudar a los demás durante sus viajes por el espacio. Sus aventuras nos llegan como alucinaciones de colores entre evasivas y libertarias (tal vez sea lo mismo), pero que antes que nada quieren reivindicar la inocencia de la infancia.

lunes, 4 de abril de 2016

Aquí (Richard McGuire)


Aquí es un experimento estético. Para el lector letraherido que antepone los aspectos formales, este es su cómic ideal. Richard McGuire distribuye en 300 páginas fragmentos de historias en un orden no cronológico que suceden en un mismo escenario, el rincón de una casa, y que abarcan desde la prehistoria a un futuro lejano. El acierto de McGuire ha sido sacar adelante este libro-objeto para coleccionistas innovando en las posibilidades narrativas del cómic. Mediante la combinación de dobles páginas con las "ventanas" de un ordenador (ojo al detalle, la portada es otra ventana) en las que se enmarcan las fechas y los saltos temporales, el autor revoluciona la definición de cómic tal como la podríamos haber entendido hasta ahora.

Por desgracia, no hay mucho más. La única reflexión vital que el lector puede llevarse consigo es que todo pierde su importancia (las personas, los lugares, los sucesos...) frente al imparable paso del tiempo. En 300 páginas el autor no pretende arrastrar al lector hacia cuestiones políticas o sociales, sino que lo deja tranquilo en el rincón de una casa, para que se vea a sí mismo leyendo. Para que disfrute de una experiencia sensorial.