viernes, 13 de abril de 2012

Ibéroes num. 2: Día Libre

Cuando se publicó El invierno del dibujante (Paco Roca, 2011) muchos lectores se sorprendieron del valor que tuvieron aquellos cinco dibujantes de Bruguera para autoeditar su propia revista, Tío Vivo, en 1957. Sin embargo, este tipo de riesgos se siguen tomando actualmente y cojo este segundo número de Ibéroes como ejemplo. Igual que en aquellos años 50 este cómic está realizado por un dibujante que quiere hacer cómics entretenidos, con libertad y conservando los derechos de su obra... arriesgándose a no contar con el respaldo de una industria que le respalde y proteja en lo que haga falta. Afortunadamente ha llovido mucho desde la época del Tío Vivo y estoy seguro de que a Íñigo Aguirre le irá mucho mejor que a Escobar, Cifré y el resto.


Tres años después de La Guerra de las Rosas llega ahora Ibéroes num. 2: Día Libre con las mismas virtudes que aquel primer cómic. Es decir, es una mezcla de humor y aventuras realizada con mucha inteligencia y que en ningún momento cae en la parodia o la ridiculización del género. De nuevo las páginas son densas y están repletas de detalles argumentales en contraste con el decompressive storytelling que se ha puesto de moda al otro lado del charco. A esto hay que añadir que además de para hacer avanzar las tramas y las subtramas también hay sitio para curiosidades como el análisis de ciertos superpoderes ineficientes o guiños al Capitán Haddock en las formas de vestir del Capitán Bakalao o a cierto anillo rojo de rabia.

En lo que se diferencia de la anterior entrega es que esta vez no tenemos una historia de grupo. En su lugar cada personaje vive un aventurilla individual que Íñigo Aguirre utiliza para poder profundizar en la personalidad de cada miembro. El Representante se enfrenta con su pasado como sidekick durante el Franquismo, Andy Androide visita a su familia y sufre a la prensa del corazón, Tina Gelatina aprieta las tuercas a la discoteca de su tía por rozar la ilegalidad y el Abad Abraham se enfrenta al Escuadrón Neocón del cliffhanger del anterior número. Al final los personajes que más juego dan son los gemelos Birli & Birloque mientras que Viriato y Ramón del Valle tendrán que esperar otra oportunidad para poder destacar sobre el resto. Especialmente Ramón del Valle, que es mi debilidad personal.

Si en el guión se nota que estos tres años se han invertido bien se puede decir que en el dibujo la calidad es similar. Podría decir una obviedad como que el dibujo y el color (este último de Javier Tartaglia) están trabajados al detalle, pero es que va más allá. Íñigo no se dedica a dibujar rostros mínimamente expresivos como hacen otros sino que se lo pasa bien con la amplísima variedad de gestos que quiere dibujar, con la variedad de vestuario de sus personajes, los edificios, las peculiaridades de cada ciudad, etc.

Otro de los detalles que me enamoran de esta colección es el cariño que se nota en la rotulación, las onomatopeyas, los bocadillos... Se aprovechan todas las posibilidades para dar expresividad a los diálogos, destacar los nombres de los personajes o, simplemente, hacer más legible el cómic. Puede que sea una colección de recursos simplemente nostálgicos, para parecerse a los tebeos de hace unas décadas, pero también deja claro que Ibéroes es un cómic al que no le avergüenza serlo, que no quiere parecer un trasunto de una película o un libro. Es decir, algo raro en el cómic actual.

Vuelvo al principio: con lo que más me quedo es con esto esté autoeditado. El resultado es brillante y difícilmente puede decepcionar a nadie: ¿cómo puede ser que ninguna editorial haya apoyado a un cómic tan sobresaliente o a otros similares? Merece la pena echarle al menos un vistazo en la tienda.